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¡Es Dios! ¡Es Dios!

Si subiera al cielo, allí estás tú; estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí. Salmo 139:8
Es normalidad, no la excepcionalidad de los milagros de Dios, lo que los torna muy asombrosa. En vez de espantar a toda la tierra con demostraciones esporádicasde deidad. Dios ha optado por ostentar su poder a diario. De forma proverbial. Olas que se desploman. Colores desplegados en prismas. Nacimiento, muerte, vida.
Estamos rodeados de milagros. Dios nos dispara testimonios como fuegos de artificio, cada uno explotando con la frase: ¡Es Dios! Es Dios!.
El salmista se maravilló ante tal artesanía santa.
Extasiado se preguntaba: ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí (Salmo 139:7-8, NVI).
Nos preguntamos, con muchos testimonios milagrosos alrededor, cómo podríamos escaparnos de Dios. Pero de alguna manera lo hacemos.
Estamos dentro de una exposición de arte de divina creatividad y sin embargo, nos conformamos con mirar solo la alfombra.
Escrito por Max Lucado

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