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Un Destino Asombroso

Te exaltaré, Señor, porque me levantaste, porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí. Salmo 30:1
En el libro de Dios el hombre va hacia un lugar. Tiene un asombroso destino. Se nos prepara para caminar avanzando hacia el altar para convertirnos en la esposa de Jesús. Viviremos co Él. Compartiremos el trono y reinaremos con Él.
¡Le importamos! ¡Somos valiosos! Y aun más, ¡nuestro valor es intrínseco! Valemos desde el momento en que nacemos.
Verás, si hay algo que Jesús quería que todos entendieran era esto:
Las personas valen algo solo por ser personas.
Por eso Jesús trataba a la gente del modo en que lo hacía. Piensa en ello. La joven esa que se divertía con quien no debía… a ella la perdonó. El leproso intocable que pidió ser sanado… Jesús lo tocó.
Y al pobre ciego que estaba en el camino… a ese hombre Jesús le concedió lo que pedía y lo sanó.
¡También al viejo adicto a la autocompasión que estaba cerca del pozo de Siloé!.
Escrito por Max Lucado

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