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Una Puerta Abierta

Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo. Efesios 2:13
Nada queda ente tú y Dios sino una puerta abierta. ¿Pero cómo pudo ocurrir esto? Si no pudimos entrar para ver al presidente, ¿cómo conseguir una audiencia con Dios? ¿Qué pasó? En una palabra, alguien descorrió en la muerte de Cristo que abrió la puerta para ti y para mí. Y ese algo lo describe el autor de Hebreos.
Así, hermanos y hermanas, estamos en entera libertad para entrar al Lugar Santísimo sin temor gracias a la sangre de Jesús por su muerte. Podemos entrar a través de un camino nuevo y viviente que Jesús abrió para nosotros. Nos lleva a través de la cortina, el cuerpo de Cristo (Hebreos 10:19-20).
Para los lectores originales, estas cuatro palabras fueron explosivas: cortina, cuerpo de Cristo. Según el escritor, cortina es igual a Jesús. Por lo tanto, lo que haya ocurrido al cuerpo de Cristo le ocurrió a la cortina. ¿Qué le ocurrió a su carne? Fue desgarrada.
Desgarrada por los azotes, desgarrada por las espinas.
Desgarrada por el peso de la cruz y las puntas de los clavos. Pero en el horror de su carne desgarrada, encontramos el esplendor de la puerta abierta.
Escrito por Max Lucado

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