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Adorar es amar

1 Jn 4:21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

Estos últimos años, Dios ha trabajado conmigo quebrantando y destruyendo muchos paradigmas y esquemas mentales que gobernaban mi forma de pensar y percibir la adoración.

Es que considero que hemos sido muy limitados en nuestra interpretación de lo que realmente es la adoración y como Dios la percibe. Hemos sido tan pobres al pensar que la adoración se manifiesta o se expresa solo entre las paredes de un templo o a través de canciones en nuestros cultos públicos.

La adoración tiene el fin de honrar, glorificar y exaltar a Dios. El objetivo más alto de un adorador es complacer y agradarlo a Él. De manera que todos aquellos actos que complacen el corazón de Dios se convierten en actos de adoración.

Me retan las palabras del apóstol Juan cuando enfáticamente declara: Si amas a Dios, ama también a tu hermano. Esto significa que nuestro amor hacia los demás es una manifestación de nuestro amor a Dios. ¿Te das cuenta? El amor hacia nuestros semejantes es un acto que refleja nuestro amor a Dios. De manera que podemos honrar y exaltar a Dios y adorarlo por medio de todas las acciones que brotan de nosotros para bendecir a los que nos rodean.

Leyendo el capitulo dos del libro de los hechos, mientras meditaba en la forma cómo vivían los primeros creyentes me di cuenta que nos falta mucho para alcanzar su nivel y su revelación.
Ellos cultivaron un amor y una unidad tan perfecta que llegaron a ser una verdadera familia.

Su amor se manifestó en actos concretos, sencillamente todo lo compartían, no había egoísmo ni avaricia, pues todo era de todos al extremo de que muchos vendían sus posesiones y los traían a los apóstoles para que se atendieran las necesidades de los más pobres.

Fueron tan exitosos en su actitud de dar y compartir que nadie tenía necesidades, pues fueron suplidas por la generosidad y el amor de todos. El texto dice que Dios manifestó su agrado hacia ellos bendiciéndoles, dándoles favor , gracia y engrandeciendo la iglesia.

Definitivamente nos falta mucho para llegar a esa dimensión tan alta de adoración. Ya es hora de que nuestra adoración alcance otros niveles y otras formas de expresión.

Adoramos a Dios cuando nos identificamos con el dolor y la necesidad de los demás. Adoramos a Dios cuando quebrantamos el egoísmo, la indiferencia y la avaricia y determinamos compartir lo que tenemos con quien lo necesita, cuando nos convertimos en una respuesta para aliviar el dolor y la carga de nuestros hermanos.

En los últimos años he disfrutado usar mis recursos, (que al final no son míos) para llevar auxilio a alguien que se quedó sin trabajo, o a alguna persona en apuros económicos que necesita lo que yo poseo y con lo cual puedo ayudarle aliviando una pesada carga.

He descubierto que adoro a Dios cada vez que abrazo, beso, honro y bendigo a los que me rodean, pues cada uno de ellos representa el sueño de Dios, lo que Dios más ama y su más grande tesoro.
Estoy seguro que Dios sonríe y encuentra deleite, cuando lo adoramos amando a nuestros semejantes y llevando respuesta a sus necesidades.

Ama y adora a Dios amando a los demás.

Pastor Minor Ceciliano
Comunidad Internacional de Adoradores
Estableciendo Adoracion en las Naciones
Email: minorceciliano@hotmail.com
Tel:(506)2230-1470

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