Estas aqui
Inicio > Recursos > Devocionales > Dios mira el corazón

Dios mira el corazón

Todos en algún momento en la vida nos hemos enfrentado a circunstancias en las que no podemos ver más allá de los problemas que nos agobian, o vemos a las personas que nos rodean y pensamos que no tienen remedio, ya sea porque están atrapadas por las drogas, el alcohol u otro tipo de ataduras que no les permite vivir la vida como Dios la planeó para ellos. Muchas veces lo que ven nuestros ojos naturales nos desmotiva y nos frustra.

Otras veces más bien nos dejamos impresionar por las estrellas de cine, del deporte y otras personas famosas, o por aquellos que tiene la capacidad de dar grandes charlas o discursos motivacionales. Nos dejamos impresionar por gente con dinero que tiene grandes casas y carros lujosos, y pensamos que la vida no es tan buena con nosotros.

En I Samuel 16 Dios le enseña una lección a Samuel que todos deberíamos de aprender. Dios ha enviado al profeta a ungir al nuevo rey de Israel y le dice que es uno de los hijos de un hombre de Belén llamado Isaí, pero no le dijo cuál de ellos era el escogido. Cuando comienza el desfile de los siete candidatos para el puesto, a Samuel lo impresiona la estatura, los músculos, la experiencia en batalla y otros atributos de ellos. Según Samuel esas eran características nada despreciables para el futuro rey de Israel.

Sin embargo Dios tenía otros planes. Él había escogido al octavo hijo de Isaí, al que ni siquiera habían invitado a la actividad con el profeta. De hecho lo tuvieron que ir a llamar para que se presentara a Samuel, y fue en ese momento que Dios le confirmó que ese sería el nuevo rey de Israel.

En el versículo 7 Dios le dice a Samuel: “El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.”

La descripción sobre David en el capítulo 16 es clave para entender que lo que Samuel había pensado que eran las características de un rey, no era lo que impresionaba a Dios. A David se le describe en el texto como trigueño, apuesto y de hermosos ojos, nada que pudiera impresionar a un pueblo que creía necesitar un rey fuerte, poderoso y experimentado en batalla.

Dios estaba viendo el corazón de David. Él no estaba interesado en sus atributos o experiencia. Nunca olvidemos que lo que Dios mira es distinto a lo que nosotros normalmente le damos importancia.

No te dejes impresionar por lo que tus ojos ven, porque las apariencias engañan. Algo que brilla y te atrae puede ser una trampa del enemigo para destruirte, mientras que una persona en condición de calle y dependiente de las drogas, tiene todo el potencial para ser un heredero del Reino de Dios y un siervo efectivo en sus manos. De ahí ha sacado al Señor a pastores y líderes de muchas iglesias.

Finalmente te pregunto, ¿qué miras cuando te paras frente al espejo? ¿Ves a alguien cansado, frustrado, lleno de errores y limitaciones? Yo te invito a que por la fe veas a una persona transformada por el poder del Espíritu Santo, llena del amor y de la gracia de Dios, llamada a cumplir un propósito eterno, y llamada servir al Señor con todos los talentos y habilidades tan especiales que Él ha puesto dentro de ti.

Créele a Dios, no juzgues a los demás, avanza con determinación y verás que Él guiará tus pasos y bendecirá tus proyectos. Pero recuerda, debes ser obediente y honrar al Señor en todo lo que haces.

Pastores Rafael Cambronero y Yorleny Calvo

Leave a Reply

Top