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El camino al altar

Heb 11:17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,

Cuántos procesos se viven en el secreto, tras los telones de historias de las que sólo conocemos algunos pocos detalles y su final.

Me pregunto cuan intensa y dolorosa debió haber sido la agonía del corazón de este hombre a quien uno de tantos días mientras disfrutaba su nueva aventura de ser padre, Dios se le aparece y le pide subir a un monte y sobre un altar entregar a su único hijo. El relato bíblico nos dice que Abraham no cuestionó la petición de Dios, sencillamente después de oír a Dios decidió obedecer.

Esa noche después de oír a Dios pidiéndole a su hijo, muchas cosas tuvieron que haber pasado en lo interno de su corazón. Posiblemente muchas preguntas, mucho dolor, angustia, profundos suspiros, quizá muchas lágrimas, mientras contemplaba a su pequeño hijo durmiendo. Esta noche fue difícil, posiblemente sin poder dormir pero con una determinación firme y clara, no negarle a Dios lo que le está pidiendo.
Su obediencia fue inmediata, se levantó muy temprano e inició un proceso de tres días, el camino hacia el lugar de adoración fue sumamente difícil.

Me pregunto cuántas cosas pasaron en esos tres días mientras caminaba al lado de aquel que significaba su alegría, su ilusión y el tesoro más grande en su corazón. Pero algo es claro, Abraham ofrendó a su hijo muchas veces antes de llegar al altar, murió a sí mismo mientras subía al monte, renunció a quien más amaba con tal de agradar y obedecer a Dios.

El altar regularmente es un lugar donde cerramos procesos, donde se concluyen etapas, donde se escribe el final de una historia que primero fue íntima y secreta, donde Dios nos pide, donde somos moldeados y quebrantados por el trato de Dios. En el secreto de nuestro corazón vamos a ser desafiados a entregarlo todo, a rendir y soltar lo que amamos, a someter nuestra voluntad, a humillar el corazón, a decir sí a la voz de Dios sin cuestionar ni dudar a pesar de que no entendamos ni tengamos claro el panorama, simplemente confiando en que nuestro Padre tiene nuestra vida en sus manos y que todo lo que Él determine está bajo su control.

Regularmente no llegamos al altar a morir, ya hemos muerto en el camino, no llegamos a obedecer ya eso sucedió en el proceso, la ofrenda que traemos para sacrificar ya fue entregada en nuestro corazón, de manera que el acto público, el que es visible para los que nos rodean es sólo un testimonio y el sello de lo que ya ocurrió en nuestro corazón.
Ahora entiendo porqué Jesús es llamado el Cordero sacrificado antes de la fundación del mundo.

Un adorador muere antes de llegar al altar.

Pastor Minor Ceciliano
Comunidad Internacional de Adoradores
Estableciendo Adoracion en las Naciones
Email: minorceciliano@hotmail.com
Tel:(506)2230-1470

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