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El engaño

Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres.  Jueces 16:18-21
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.
Probablemente a Sansón nunca le habían dado este consejo tan valioso. Dejar al descubierto el corazón fue para aquel nazareo lo mismo que para nosotros sería hoy como dejar morir nuestra relación con Dios.
Aquello que para Sansón significaba la fortaleza y la presencia de Dios sobre él dejó de ser lo más importante cuando se volcó al engaño de una mujer que tenía por intención destruirlo. Sansón no desconocía esa intención, pero el engaño pudo más que su fuerza.
Sin la presencia de Dios en nosotros fácilmente podemos ser derribados. Es aquí cuando el enemigo tiene libertad de sacarnos los ojos para desviarnos del camino y atarnos con sus cadenas para hacernos sus esclavos.
No nos dejemos engañar. Hay muchas presiones alrededor nuestro que quieren sacarnos del verdadero propósito para lo cual Dios nos llamó. No negocies nunca la presencia de Dios a cambio de unos segundos con el enemigo. Dios nos dio su fortaleza para derribarlo, no para animarlo.

Bendiciones
Michael Madriz

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