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¿Por que disculparse?

Woman resting hand on man's shoulder, close-up, rear viewEl perdón y la reconciliación genuinos son negociaciones entre dos personas, y son posibles por medio de las disculpas. Algunos, particularmente dentro del cristianismo, han enseñado que se debe perdonar sin que medie ninguna disculpa. Con frecuencia, citan las palabras de Jesús: “Pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Entonces le dicen a la esposa cuyo marido ha sido infiel y continúa con su aventura adúltera: “Debes perdonarlo o Dios no te perdonará a ti”.

Tal interpretación de las enseñanzas de Jesús no toma en cuenta el resto de las enseñanzas de las Escrituras sobre el perdón. Al cristiano se le enseña que debe perdonar a otros tal como Dios nos perdona a nosotros. ¿Cómo nos perdona Dios a nosotros? Las Escrituras dicen: “Si confesamos nuestros pecados . . . Dios nos los perdonará” (1 Juan 1:9, nvi). Ni en el Antiguo Testamento, ni en el Nuevo Testamento hay indicación alguna de que Dios perdona los pecados de la gente que no los confiesa ni se arrepiente de ellos.

Cuando un pastor alienta a una esposa para que perdone a su marido mientras el esposo continúa actuando mal, el ministro está requiriendo de la esposa algo que Dios mismo no requiere. La enseñanza de Jesús es que debemos estar siempre dispuestos a perdonar como Dios está siempre dispuesto a perdonar a los que se arrepienten.Algunos se opondrán a esta idea diciendo que Jesús perdonó a los que estaban matándolo. Pero no es éso lo que dicen las Escrituras. Jesús oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Jesús mostró que tenía un corazón compasivo y que deseaba ver a sus asesinos perdonados. Ése también debería ser nuestro deseo y nuestra oración. Pero el perdón de aquellos asesinos vino después, cuando ellos reconocieron que verdaderamente habían matado al Hijo de Dios.

Con frecuencia se promueve el “perdón sin una disculpa” como un beneficio a quien perdona más que como un beneficio para el ofensor. Pero esa clase de perdón no conduce a la reconciliación. Cuando no hay una disculpa, se anima al cristiano a entregar a esa persona a la justicia de Dios y a entregar su propia ira a Dios a través de la paciencia. Dietrich Bonhoeffer, ministro luterano asesinado por los nazis en un campo de concentración en 1945, argumentaba en contra de “predicar acerca del perdón sin exigir arrepentimiento”. A esa clase de perdón lo llamó “gracia barata . . . que llega a justificar el pecado sin justificar al pecador arrepentido”.

El perdón genuino quita la barrera que produjo la ofensa y abre la puerta a la restauración de la confianza con el transcurso del tiempo. Si la relación era afectuosa e íntima antes de la ofensa, puede llegar a serlo nuevamente. Si la relación era simplemente fortuita, puede profundizarse por medio del proceso dinámico del perdón. Si la ofensa fue causada por un desconocido, tal como un violador o un asesino, no existe ninguna relación que deba ser restaurada. Si ellos se han disculpado y usted los ha perdonado, cada uno es libre para seguir viviendo su vida, aunque el delincuente enfrentará el sistema judicial creado por la cultura para tratar con dicho comportamiento pervertido.

Una disculpa incluye aceptar la responsabilidad por el propio comportamiento y tratar de reparar la falta a la persona que ha sido ofendida. La disculpa auténtica abre la puerta a la posibilidad del perdón y la reconciliación. Entonces es posible continuar construyendo la relación. Sin la disculpa, la ofensa forma una barrera y la calidad de la relación se ve menoscabada. Las buenas relaciones siempre se caracterizan por la buena disposición para disculpar, perdonar y reconciliar. Muchas relaciones son frías y distantes debido a que no hemos logrado disculparnos.

Las disculpas sinceras también alivian la conciencia culpable. Piense en su conciencia como si fuera un recipiente que lleva atado a su espalda y que tiene veinte litros de capacidad. Siempre que usted ofende a otro, es como si agregara cinco litros a su conciencia. Con tres o cuatro ofen- sas, su conciencia está llena y usted se sentirá pesado. Una conciencia llena genera un sentido de culpa y de vergüenza. La única manera de vaciar de manera eficaz la conciencia es disculparse con Dios y con la persona a la que ha ofendido. Cuando hace esto, puede mirar el rostro de Dios, puede mirarse a usted mismo en el espejo y puede mirar a la otra persona a los ojos; no porque usted es perfecto, sino porque ha estado dispuesto a asumir la responsabilidad por su falla.

El arte de disculparse puede o no haberse aprendido en la niñez. En las familias sanas, los padres enseñan a sus hijos a disculparse. Sin embargo, muchos niños crecen en familias disfuncionales donde herirse mutuamente, enojarse y vivir amargados, forma parte de su manera de vivir, y nadie se disculpa jamás.

La buena noticia es que el arte de la disculpa se puede aprender…

Gary Chapman

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